Ninguna política me emociona.
No tengo a nadie por quién sentir profunda admiración.
Nadie que haya logrado fusionar promesas con hechos.
Palabras con acción.
Nadie que predique y haga honor en carne propia aquello que juzga.
Carezco de posturas políticas y acaso...esto sea una postura?
Tengo más preguntas que respuestas.
Creo en la protección de la infancia de los pueblos como mayor prioridad universal, como única cura para todos los males.
Y tengo esperanzas.
Quizás en la educación estén todos los principios.
Tal vez el arte sea mi religión.
...
Sortilegios cotidianos
jueves, 17 de abril de 2014
domingo, 7 de julio de 2013
martes, 25 de septiembre de 2012
Marumba
Las manos de Marumba tiritan arrugadas por el paso del tiempo y huelen a la tierra húmeda de los vientos del sur. No tiene edad en el cuerpo, al superar el centenario de su nacimiento ya no cuenta los días para el regreso, como si se hubiera vuelto una leyenda eterna que sus tataranietos contemplan con total naturalidad.
Marumbá camina despacio hacia el lago, con un cuenco de barro toma agua pura del deshielo y bebe de a sorbos la frescura de la naturaleza que se impone a sus pies majestuosa.
Su ropaje de hilos secos y lanas entramando coloridas, se funden con la trenza larga y gris de la que cuelgan los duendes que envuelven su imagen.
Los ojos de Marumba se sumergen profundos entre los surcos terracota de su cara. Sin embargo brillan intensos con la velocidad de la luz y la sabiduria de un búho en medio de la noche.
Nadie sabrá de unguentos y brujerías más que ella. No hay ser en la tierra capaz de sanar con una sola oración al Dios de la lluvia o una caricia superficial a la altura de la cien.
Marumba eleva su mirada al cielo, al tiempo en que suena cascabeles de pluma y piedras mientras el fuego quema hojas de colihues y aceites de flores de lavanda.
El humo enviciado de la olla de barro trae templanza a la tribu, y añoranza de buenos augurios.
En ese paisaje de ensueño recortado, contempla a sus pies el suelo inmenso con la esperanza de que su tierra natal, pueda morir libre de colonizaciones e inexplicable urbanidad.
En su mirada detenida, la imagen de una niña de largas trenzas le devuelve el recuerdo de su infancia mágica, superpuesto ahora en la visión de los incontables tataranietos jugando y corriendo incansablemente al borde del lago azul esmeralda.
La disputa de lo pequeños indios dilata la anciana atención de sus pupilas redondas y profundas como negras perlas de montaña. Algo la impulsa lentamente al acercamiento inevitable de su llamado a la paz.
Los niños paralizan sus movimientos al contemplarla llegar elevada con la suspensión del vuelo de un águila. Todo es silencio.
El cielo anaranjado ilumina el escenario y atraviesa las voces con el pensamiento de sus palabras.
¨Upen ayecan¨, murmura con voz sabia, esmerando sus fuerzas, su respiración pausada, sus latidos, al tiempo en que una brisa suave incrusta su cara con la frescura de las cosas esenciales.
¨Upen ayecan¨, repite con firmeza.
Upen ¨Olvidar¨, ¨Ayecan¨ reír siempre, reír sin embargo, a pesar de... en el idioma mapuche.
Marumbá camina despacio hacia el lago, con un cuenco de barro toma agua pura del deshielo y bebe de a sorbos la frescura de la naturaleza que se impone a sus pies majestuosa.
Su ropaje de hilos secos y lanas entramando coloridas, se funden con la trenza larga y gris de la que cuelgan los duendes que envuelven su imagen.
Los ojos de Marumba se sumergen profundos entre los surcos terracota de su cara. Sin embargo brillan intensos con la velocidad de la luz y la sabiduria de un búho en medio de la noche.
Nadie sabrá de unguentos y brujerías más que ella. No hay ser en la tierra capaz de sanar con una sola oración al Dios de la lluvia o una caricia superficial a la altura de la cien.
Marumba eleva su mirada al cielo, al tiempo en que suena cascabeles de pluma y piedras mientras el fuego quema hojas de colihues y aceites de flores de lavanda.
El humo enviciado de la olla de barro trae templanza a la tribu, y añoranza de buenos augurios.
En ese paisaje de ensueño recortado, contempla a sus pies el suelo inmenso con la esperanza de que su tierra natal, pueda morir libre de colonizaciones e inexplicable urbanidad.
En su mirada detenida, la imagen de una niña de largas trenzas le devuelve el recuerdo de su infancia mágica, superpuesto ahora en la visión de los incontables tataranietos jugando y corriendo incansablemente al borde del lago azul esmeralda.
La disputa de lo pequeños indios dilata la anciana atención de sus pupilas redondas y profundas como negras perlas de montaña. Algo la impulsa lentamente al acercamiento inevitable de su llamado a la paz.
Los niños paralizan sus movimientos al contemplarla llegar elevada con la suspensión del vuelo de un águila. Todo es silencio.
El cielo anaranjado ilumina el escenario y atraviesa las voces con el pensamiento de sus palabras.
¨Upen ayecan¨, murmura con voz sabia, esmerando sus fuerzas, su respiración pausada, sus latidos, al tiempo en que una brisa suave incrusta su cara con la frescura de las cosas esenciales.
¨Upen ayecan¨, repite con firmeza.
Upen ¨Olvidar¨, ¨Ayecan¨ reír siempre, reír sin embargo, a pesar de... en el idioma mapuche.
domingo, 5 de agosto de 2012
Echale la culpa a Mario
Tengo una hoja en blanco. Escribo un punto. Escribo un punto porque un punto tal vez es todo lo que me sale. Todo lo
que tengo. Porque no tengo nada que decir. Y entonces siento que todo el tiempo estoy queriendo plagiar a Levrero.
Imitarlo tal vez. Y por eso pongo el punto. Pero no me gusta la idea de plagiarlo. Aunque tal vez sí, tal vez sí me gusta la
idea de imitar sus ejercicios grafológicos. Pero tengo un teclado y no un lápiz. Y que me importa la letra si la excusa me
sirve de idea. Y por eso, en mi hoja en blanco he puesto un punto. Pero un punto ahí en medio de la hoja me dice que
es necesario agregar algo más. Si hubiera dejado solo un punto, significaría el final.
Entonces me pregunto como fué que empezó la historia y porque terminó tan rápido. Además me faltaría lo más
importante que es el mientras tanto. Entonces veo el punto ahí fijo, clavado en el blanco de la hoja y lo miro. Y pienso en
el amor. En la frase que dice que es eterno mientras dura. Y entonces me deprimo. Y miro la hoja con cierta tristeza. Y
pienso que tengo que hacer algo para seguir. Para que mi texto no muera en un final. Y entonces, arriba de ese punto
pongo otro punto; lo que me genera entonces la sensación de que acabo de escribir dos puntos. Y la hoja en blanco
ahora pareciera por culpa de esos dos puntos como querer decir algo más. Porque dos puntos son suspenso aunque
no sean suspensivos. Suspenso porque los miro y pienso en un silencio. En un vacío, en una ausencia si querés.
Porque luego de los dos puntos, se hace una pausa y se habla de algo. O se aclara algo. Y entonces me acuerdo del
perro de Mario, de Pongo sí, el mismo y entonces pienso otra vez en lo poco original y patético de estar haciendo lo
mismo pero bastante diferente y vergonzoso en calidad comparado con la maravilla escrita por ese gran escritor.
Ahora comprendo que si tengo dos puntos que significarán que tengo que seguir hablando de algo, debería entonces
haber algo adelante de ellos que justifique su existencia. Entonces pienso en el tiempo, en ese pedacito de silencio que
se produce cuando alguien lee o dice dos puntos. ¿Cuánto dura? Porque dos puntos no son tres. Porque si hubiera
puesto tres puntos, ahi ya la cosa cambiaría y significaría como un poco de melancolía en el final de la frase, o de
expectativa o de te lo dejo ahí picando como sin punto final. Los puntos suspensivos me hacen acordar a Sabina,
cuando dice que al final de los finales no le quedan. Pienso en ambos autores, admiro a ambos profundamente, pero es
el tiempo el que me dice que mi hoja sigue un poco en blanco y que adelante de los dos puntos aun no existe una idea
concreta que defina una introducción y detrás tampoco existe nada. Una idea adelante y una idea detrás como para que
los dos puntos cumplan una función y los tres suspensivos se parezcan a la melancolía. El tono en este caso estará
influenciado por la intervención en el texto de esos signos de puntuación. Me pregunto ahora en que momento Mario
Levrero decidía que ya era suficiente lo escrito para cortar un capítulo, porque me doy cuenta ahora de que mis manos
están cansadas, y mis ojos aburridos y de que me siento un poco tonta plagiando o intentando ejercitar de manera un
tanto mediocre a escritores consagrados y de que ya no sé que más escribir de aquí en más.
La hoja sigue en blanco, o no tanto, tal vez.
El ejercicio de Mario funciona. Ayuda a ladrar lo que no se ve y uno no sabe si estaba. Y entonces veo mi hoja y
ya no le tengo miedo. Porque el miedo paraliza dice una frase hecha y yo necesito un poco de creatividad literaria. De
esa que no tengo o que no tenía hasta hace un rato cuando pensé en plagiar el ejercicio grafológico de un grande. Que
como me hubiera gustado conocerlo para decirle algo o seguramente nada.
O gracias. O que se yo, no se me ocurre. O sí se me ocurre, tal vez contarle que aquí estoy, que ojalá pudiera
parecerme aunque sea un día a él, aunque sea un delirio, aunque sea por un rato; por el rato que dure el cuento, un
cuento o dos. Dos. Dos cuentos.
Aunque más no sea una ridiculez de mi parte. Me gustaría entonces mostrarle esta hoja y contarle...
Contarle tantas cosas, que quiero que se vaya el invierno, que cuanto falta para la primavera, que afuera diluvia y
que a veces tengo frío aunque sea pleno verano y que ya no creo en lo que creía.
Que ahora gracias a su discurso miro con desconfianza a los gatos de la ciudad y que coincido en que algunos, no
todos pero sí algunos, son traicioneros, inteligentes, distantes, calculadores.
Que tal vez sea cierto que les falte un poco de fidelidad. Y eso. Cosas que pienso mientras intento
plagiarlo mirando mi hoja en blanco, pensando que tal vez, puede ser que sí, que sí funcione el ejercicio.
Y que estoy acá, evaluando que hago, a donde voy y como sigo.
Porque resulta entonces que tengo ahora dos puntos y algo de tiempo. Y espero.
Espero...
Espero...
Espero que en algún momento un perro se aparezca por mis letras.
Un perro o un amor.
jueves, 5 de julio de 2012
パブロ
A veces me duermo pensando en vos, en que estarás haciendo, en como será tu vida.
Confieso que el color de tus ojos me perturba.
Como un océano claro, como si en el aguamarina de tu mirada estuviera el porque de todas mis preguntas.
Me parece increíble que tu voz tenga el color que ya conocía mucho antes de soñarte.
Me pregunto ahora mismo y en medio de la noche, quién te envió como una
criatura extraña, a ese espacio de encuentro que no construimos.
viernes, 22 de junio de 2012
Juana
a mi ahijada...
Juana mira al cielo y un resabio de estalactita se filtra en el iris de sus ojos.
Sabe que el tiempo avanza pero no se apresura.
Sonríe una boca expresiva que grita los silencios de todas las palabras que nunca dijo.
Como no conoce el miedo, prefiere sortear su suerte viajando de brazo en brazo.
Genera especulaciones de fragilidad, pero no las escucha, porque se presume fuerte y así vive.
Nunca llora.
Su temperamento se construye a base de lágrimas que no fueron.
Deja caer su cabeza de lado a lado... es que prefiere sumergirse en el medio giro de felicidad de una canción, a no tener a su compañera de rosas cerca.Intenta olvidar que alguna vez acaso discutan por algo.
No importa si llueve, o si el sol transparenta su piel suave de frutillas. O si pierde la visión cuando la risa le deja un espacio de luz casi insignificante para espiar.Estira las manos limpias de princesa de hilos de seda y se sube a la luna de las cosas esenciales.
Y vestida de azúcar, se pierde en mis pupilas dibujándome un lazo indestructible.
Y sin quererlo, va conquistando a su paso todo lo que toca.
Y brilla...
Brilla.
Carta de un maestro a otro
Si la sangre correrá cuando carne y acero son uno,
secando en el color del sol vespertino,
la lluvia del mañana lavará los tintes
pero algo en nuestras mentes siempre quedará...
Quizás este acto final estaba destinado
a confirmar el argumento de toda una vida
que nada viene de la violencia
y nunca nada podrá.
Por todos aquellos nacidos bajo una estrella enojada
no sea que olvidemos cuan frágiles somos...
Sting
al maestro asesinado, y a todos los maestros que morimos con él...
Desconozco con exactitud los motivos reales que te dieron sepultura. La desinformación suele ser mi refugio mas aparente cuando llorar no es una buena opción. No se en realidad si en la pared de tu habitación colgaba un cuadro desvencijado, con el diplóma de médico o agrimensor, comerciante de la educación o tesorero de abecedarios. Supongo que eras docente con el alma, ya que no existe otra forma posible de serlo. No me interesa si eras diestro o zurdo, por lo tanto no escribiré más sobre este aspecto.Ignoro los motivos políticos y los ideales en alta que te llevaron a estar ahí, entre todos ellos, un día cualquiera justificando con el cuerpo y la voz un presente más acorde, un futuro que no pudiste ver.
Asimilo que pedías dignidad y un sueldo justo. O más escuelas a la espera del hambre en las pupilas de los niños carenciados y de los millones esparcidos ansiosos por aprender.
Imagino que las balas son solo una confusión más del hombre, y la asfixia lacrimógena su equivocado destino.Un desliz de negligencia no menor que te quitó la vida con desfachatez. No voy a juzgar a nadie por su nombre, no escribiré aquí la palabra policía, no tendré escalofríos al releerla, no tendré nuevamente escalofríos al visualizar la imagen y no se me hará un agujero en el estómago al pensar como habrán sidos los últimos latidos de tu paso por el mundo. Solo marcaré con mi tinta el llamado universal a la conciencia, el desorden social ante la perdida de fragilidad, mi descontento de sistema, mi desazón a la deriva.
El pizarrón yace de luto, de pie y sin guardapolvos.
Me descubró a veces perdida y ya no se si piso suelo argentino o colombiano.
Me mantengo al margen de una marcha, las respeto, tal vez porque una parte de mí desearía ser ahí, otro pedazo de mi cuerpo me dice que mientras lloramos nuestros muertos, alguien se ríe y se pide un café detrás de un escritorio sucio y una campaña. Me pongo mi pintor todos los días, y hago honor a mí país intentando educar mas allá de las falencias, de los planes insufribles descordinados y los recelos caprichosos del primer mundo inalcanzable.
Pero este día quinto del més , en mucho tiempo, en muchos lares, no será un día cualquiera.
Es el día en que vos, yo y cada pedacito de bandera se fue con la libertad de expresión y el derecho justo y merecido a recorrer otros cielos, a protestar otras tizas.
Y será cierto, de hoy en más, mientras no escribas tu historia y la sangre sea derramada, que las flores seguirán cayendo, marchitas y blancas, sobre el escudo, la patría y tu soberanía.
martes, 8 de mayo de 2012
Cronometraje
Al tiempo en que el cómico se llevaba los aplausos, el niño recibía los besos de feliz cumpleaños, y la bala atravesaba el pecho abierto del soldado herido.
Fue casi al minuto exacto en que los cromosomas se fundieron, el político rompió en llanto, y la humanidad entera explotó en carcajadas.
La luna en cuarto menguante
Hoy no tengo ganas de volar
los fantasmas llegaron a las tres
y se lo llevaron todo.
El relicario con las palabras
y el puñado de sueños desabrochados de mi camisa
No quedó en el espacio reiterado
más que el rastro de la incertidumbre,
angustiada,
abriendo cientos de abanicos delirantes
a todas las respuestas de sal
destiñendose, afianzándose
sin preguntas ni alas,
disfrazadas
de absurdos, argumentos y falacias.
martes, 17 de abril de 2012
Así.
Eso.
El río...
Los sueños...
y un bote que gira
y gira
y gira...
Y así.
Montevideo
Uruguay
enero de 2012
sábado, 19 de noviembre de 2011
Casualidad
Las casualidades no son casualidad. Todo el pasado se encastra en el hoy, como una pieza que se une, que pega en partes iguales lo no premeditado, aquello capaz de convertir en señal, lo que una vez fué espontáneo y no destinado a ninguna parte.
viernes, 8 de abril de 2011
Sin...
Abrió la mano y se le cayeron, uno a uno, los pedazos del corazón.
Que más podía hacer una moneda entre sus dedos,
menos brillar.
Demasiada ternura en la suciedad de la piel
y esa profundidad en sus ojos.
Demasiado vacío para tanto lleno.
Demasiada risa para tanto dolor.
miércoles, 9 de marzo de 2011
sábado, 4 de diciembre de 2010
Atrapados
Me duele su libertad atrapada y la mía, condicional.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Navidad
La mujer era morocha y el niño que cargaba en sus brazos también. No pedían beneficios a cambio de una lágrima sino sueños perdidos. El color bronce de los dedos prejuzgaba al antifrión de la calle, pero silenciaba el dolor de quienes no tienen nada que perder.
Abrían y cerraban, estadísticamente inclinados al fracaso con timidez.
Así, acostmubrados al destino asignado, consumían el paso de los días, sin reflexión alguna.
Bajaban la cabeza, para mirar el suelo sin orgullo, y volver a intentarlo, condenados al rechazo perpetuo y aparente de los que no se animan, o ya no pueden sentir.
La fiesta se presentaba restricta y los alimentos sucumbían la utopia de ser hoy carne o hueso, cartón o cristal.
En la quietud de lo inexplicable, los ojos hablaban el idioma perturbador de la pobreza. Las dos caras de la moneda y ninguna alcancía abierta para comprender la dispariedad de los sucesos.
De todas formas, así ha sido siempre.
El equilibrio ausente, cada año.
Incertidumbres y soy parte, de ese mundo ilógico y pienso, de todas formas, cuando los veo ahí y me pregunto que se festeja, a pesar de disfrutar de los adornos y la época victoriana, sin evolución alguna.
Te toca o no te toca. Que ganas de llevarte flores a la mesa. Que deseo sentido de que la palabra ilusión no sea solo eso.
Cuan faltos de motivos nos sumergimos en la vorágine del materialismo sin detenernos a proyectar fines humanos.
Los únicos que pueden salvarnos. Nacernos.
Cuanto oro encerrado en catapultas somnolientas y cubiertas de hipocresía. Cuanto caliz por derretir.
Entonces, somos pobres también, y ciegos de la vida.
Las uñas llenas de barro. Suciedad en cuotas a cada centímetro de piel. Zapatillas rotas y nadie que los reciba en nochebuena. El estómago crujiente y los piojos sedentarios de su polvo, compañeros de su ausencia...
El contraste absurdo de las fiestas.
El espíritu diverso, el aire caliente y la brisa suave del verano con olor a jazmínes.
La magia, a pesar de todo.
Y el vacío de esos ojos, que tienen hambre y miran brillantes las lucecitas blancas a la espera de otra imagen, que suprima la fotografía reiterada y egoísta de relojes, billetes y regalos falsos.
No me digas felicidades en estas fechas porque lloro.
Porque para aquellos que derraman ternura triste en sus manos austeras, todo el año debería ser Navidad.
Abrían y cerraban, estadísticamente inclinados al fracaso con timidez.
Así, acostmubrados al destino asignado, consumían el paso de los días, sin reflexión alguna.
Bajaban la cabeza, para mirar el suelo sin orgullo, y volver a intentarlo, condenados al rechazo perpetuo y aparente de los que no se animan, o ya no pueden sentir.
La fiesta se presentaba restricta y los alimentos sucumbían la utopia de ser hoy carne o hueso, cartón o cristal.
En la quietud de lo inexplicable, los ojos hablaban el idioma perturbador de la pobreza. Las dos caras de la moneda y ninguna alcancía abierta para comprender la dispariedad de los sucesos.
De todas formas, así ha sido siempre.
El equilibrio ausente, cada año.
Incertidumbres y soy parte, de ese mundo ilógico y pienso, de todas formas, cuando los veo ahí y me pregunto que se festeja, a pesar de disfrutar de los adornos y la época victoriana, sin evolución alguna.
Te toca o no te toca. Que ganas de llevarte flores a la mesa. Que deseo sentido de que la palabra ilusión no sea solo eso.
Cuan faltos de motivos nos sumergimos en la vorágine del materialismo sin detenernos a proyectar fines humanos.
Los únicos que pueden salvarnos. Nacernos.
Cuanto oro encerrado en catapultas somnolientas y cubiertas de hipocresía. Cuanto caliz por derretir.
Entonces, somos pobres también, y ciegos de la vida.
Las uñas llenas de barro. Suciedad en cuotas a cada centímetro de piel. Zapatillas rotas y nadie que los reciba en nochebuena. El estómago crujiente y los piojos sedentarios de su polvo, compañeros de su ausencia...
El contraste absurdo de las fiestas.
El espíritu diverso, el aire caliente y la brisa suave del verano con olor a jazmínes.
La magia, a pesar de todo.
Y el vacío de esos ojos, que tienen hambre y miran brillantes las lucecitas blancas a la espera de otra imagen, que suprima la fotografía reiterada y egoísta de relojes, billetes y regalos falsos.
No me digas felicidades en estas fechas porque lloro.
Porque para aquellos que derraman ternura triste en sus manos austeras, todo el año debería ser Navidad.
domingo, 25 de julio de 2010
Juana
a mi ahijada...
Juana mira al cielo y un resabio de estalactita se filtra en el iris de sus ojos.
Sabe que el tiempo avanza pero no se apresura.
Sonríe una boca expresiva que grita los silencios de todas las palabras que nunca dijo.
Como no conoce el miedo, prefiere sortear su suerte viajando de brazo en brazo.
Genera especulaciones de fragilidad, pero no las escucha, porque se presume fuerte y así vive.
Nunca llora.
Su temperamento se construye a base de lágrimas que no fueron.
Deja caer su cabeza de lado a lado... es que prefiere sumergirse en el medio giro de felicidad de una canción, a no tener a su compañera de rosas cerca.
Intenta olvidar que alguna vez acaso discutan por algo.
No importa si llueve, o si el sol transparenta su piel suave de frutillas. O si pierde la visión cuando la risa le deja un espacio de luz casi insignificante para espiar.
Estira las manos limpias de princesa de hilos de seda y se sube a la luna de las cosas esenciales.
Y vestida de azúcar, se pierde en mis pupilas dibujándome un lazo indestructible.
Y sin quererlo, va conquistando a su paso todo lo que toca.
Y brilla...
Brilla.
viernes, 23 de julio de 2010
Poesía de la calle
a la Poesía en su día, mi homenaje.
...
Ellos duermen en las plazas,
en los suelos, en los parques
duermen sobre los bancos endemoniados
sobre el cemento de la noche fría
insólitos,
despreocupados,
angelicales
duermen bajo el paraíso en flor
de sobrios palos borrachos
duermen
tibios,
pequeños
tristes
No los despiertes Buenos Aires,
que el sueño es recompensa
y la vigilia su castigo...
Avenida 9 de Julio
Buenos Aires
9:00 hs
sábado 21 de marzo de 2009
viernes, 16 de julio de 2010
Sala Celeste Turno Mañana
El reloj marca las ocho. La puerta grande se abre y Bianca entra corriendo a la sala. Hoy tiene una sonrisa amplia que complementa con ojos de cielo la blancura de su piel de rulos de muñeca de porcelana. Varios minutos mas tarde ingresan Agustín, con su inteligencia, Tobías al caramelo y Joaquín desafiante. Se observan, se miran, corren de pared a pared buscando de reojo ser perseguidos. Las Delfinas se me abrazan como si hiciera años que no nos vemos, me aprietan fuerte y apoyan su cabeza en mi hombro. Se suma Martina toda rosa, con dos cuentos en la mano y un librito de stickers.
En el preciso instante en el que la quietud llega a su fin aparece Chiara en escena, con ojos verdes de dulce reveldía y Fran como un torbellino vuela por todos los rincones buscando objetos y oportunidades.
Solo formamos un grupo completo cuando Sofía dibuja alegría detrás de su chupete, cuando María y Francesca marcan su terreno sentándose en el lugar de siempre, cuando Rafa y Juan Francisco se convierten en opuestos.
Es que todo da vueltas y gira. Agitamos las manos para saludarnos y gastamos comunicación internacional llamando a Dominga la jirafa, nos parece mágico que le fascinen las alturas y que en Africa nos atiendan el llamado.
Corremos, gritamos al repique por su nombre y hacemos culto a la samba mientras la bruja del plumero encierra magos, trovadores y también titiriteros.
El gusto de la leche tibia derrocha calidez y nos acaricia la garganta en el frío intenso de la mañana y el pan con manteca se pasa y se comparte codo a codo en el comedor.
Las vueltas son sin peaje y en la autopista de la independencia es fácil encontrar choques en cadena. Las burbujas producen un delirio inalcanzable y algunos embotellamientos en el intento por tocarlas.
Mil pelotas de colores vuelan por el cielo, muñecas que se desvisten y platos y cucharas que dramatizan la vida adulta se desparraman por el espacio vivido.
Todo es acción y ser con otros, y juntos somos más, somos uno.
Y suena había una vez, y el silencio se hace eterno, entre duendes y panaderos que vuelan por el mundo, ya no importa nada más.... solo había una vez. Veintiocho pares de pupilas brillantes se detienen en mis labios, y esperan ansiosos la vocal que suma para formar la próxima palabra. Y aunque el lobo sopla la casa y eso asusta, sabemos que el final siempre será feliz.
En el preciso instante en el que la quietud llega a su fin aparece Chiara en escena, con ojos verdes de dulce reveldía y Fran como un torbellino vuela por todos los rincones buscando objetos y oportunidades.
Solo formamos un grupo completo cuando Sofía dibuja alegría detrás de su chupete, cuando María y Francesca marcan su terreno sentándose en el lugar de siempre, cuando Rafa y Juan Francisco se convierten en opuestos.
Es que todo da vueltas y gira. Agitamos las manos para saludarnos y gastamos comunicación internacional llamando a Dominga la jirafa, nos parece mágico que le fascinen las alturas y que en Africa nos atiendan el llamado.
Corremos, gritamos al repique por su nombre y hacemos culto a la samba mientras la bruja del plumero encierra magos, trovadores y también titiriteros.
El gusto de la leche tibia derrocha calidez y nos acaricia la garganta en el frío intenso de la mañana y el pan con manteca se pasa y se comparte codo a codo en el comedor.
Las vueltas son sin peaje y en la autopista de la independencia es fácil encontrar choques en cadena. Las burbujas producen un delirio inalcanzable y algunos embotellamientos en el intento por tocarlas.
Mil pelotas de colores vuelan por el cielo, muñecas que se desvisten y platos y cucharas que dramatizan la vida adulta se desparraman por el espacio vivido.
Todo es acción y ser con otros, y juntos somos más, somos uno.
Y suena había una vez, y el silencio se hace eterno, entre duendes y panaderos que vuelan por el mundo, ya no importa nada más.... solo había una vez. Veintiocho pares de pupilas brillantes se detienen en mis labios, y esperan ansiosos la vocal que suma para formar la próxima palabra. Y aunque el lobo sopla la casa y eso asusta, sabemos que el final siempre será feliz.
El tiempo se congela, la espera huele a hechizo, y colorín colorado.
Nos dormimos un rato y despertamos con mas energía acumulada para descubrir, para estar, para padecer niñez en gotas de dulce de miel de infancia inolvidable.
Y ellos con la búsqueda a flor de piel, se dispersan en saltos que aun no salen con los dos pies juntos, en un abrazo que tapa rasguños y en perdones tardíos y espontáneos que no siempre llegan.
Nos limitamos a la calma solo cuando no alcanza el equilibrio para tanta libertad y tanta expresión y tanto ensayo de felicidad.
Quien pudiera transmitir lo que no puede decirse con palabras...
La torre de cubos cae sobre el elefante de Toto, que nunca falta a clase. Y mientras un cocodrilo se escapa de la cueva, empapelo las paredes de impresionismo y ellos me muestran los girasoles, porque sabemos que no hay edad para mirarte, aunque no nos importe que fue de tu vida Vincent, ni quien fuiste.
La jornada llega a su fin, nos despedimos hasta mañana con pañales a estrenar, cuadernos escritos que asientan lo pasado y perfume en la mirada.
Me voy hasta el día siguiente. Tengo la cara pegoteada de besos y mermelada, principio de lumbalgia, el pelo de un león africano y la ropa con rastros polvorientos de lo que es educarse en el amor. Y envenenada de sus manitos de caricias incondicionales y sumergida en la transparencia que destilan a cada paso, en la justicia que predican con mano propia, en la carcajada de cosquillas que no soportan y reclaman con reitero, me hago grande, me enorgullezco por conocerlos, por ser la cómplice de sus secretos y sus penas.
Y así crezco.
Ilimitadamente.
Con mis discípulos, con mis maestros...
Y entonces comprendo, al extrañarlos, que estoy enferma de ellos... y que no quiero curarme.
Nos dormimos un rato y despertamos con mas energía acumulada para descubrir, para estar, para padecer niñez en gotas de dulce de miel de infancia inolvidable.
Y ellos con la búsqueda a flor de piel, se dispersan en saltos que aun no salen con los dos pies juntos, en un abrazo que tapa rasguños y en perdones tardíos y espontáneos que no siempre llegan.
Nos limitamos a la calma solo cuando no alcanza el equilibrio para tanta libertad y tanta expresión y tanto ensayo de felicidad.
Quien pudiera transmitir lo que no puede decirse con palabras...
La torre de cubos cae sobre el elefante de Toto, que nunca falta a clase. Y mientras un cocodrilo se escapa de la cueva, empapelo las paredes de impresionismo y ellos me muestran los girasoles, porque sabemos que no hay edad para mirarte, aunque no nos importe que fue de tu vida Vincent, ni quien fuiste.
La jornada llega a su fin, nos despedimos hasta mañana con pañales a estrenar, cuadernos escritos que asientan lo pasado y perfume en la mirada.
Me voy hasta el día siguiente. Tengo la cara pegoteada de besos y mermelada, principio de lumbalgia, el pelo de un león africano y la ropa con rastros polvorientos de lo que es educarse en el amor. Y envenenada de sus manitos de caricias incondicionales y sumergida en la transparencia que destilan a cada paso, en la justicia que predican con mano propia, en la carcajada de cosquillas que no soportan y reclaman con reitero, me hago grande, me enorgullezco por conocerlos, por ser la cómplice de sus secretos y sus penas.
Y así crezco.
Ilimitadamente.
Con mis discípulos, con mis maestros...
Y entonces comprendo, al extrañarlos, que estoy enferma de ellos... y que no quiero curarme.
Esencial
A Mali, Memé, Lore, Julia, Inés y Juli,
por tantos, tantos años de amistad y risas
y por la esencia de las emociones compartidas...
por tantos, tantos años de amistad y risas
y por la esencia de las emociones compartidas...
Amigos de sangre
de mirar atrás, de infancia en un puño,
de tren o viajes, de vida, de todos a la mesa.
de fotos saturadas de risa extrema...
Amigos en blanco y negro, color o sepia.
Amigos en tres tomos, en sobres con lacre,
en moño pegado a la cabeza.
Amigos dentales, amigos lágrima, amigos sueños, amigo escencia
Amigos trago amargo, guardabarro, amigos sostén, amigos cerveza.
Amigos en la complicidad,en su tinta, en la herida abierta.
Amigos de hoy, mañana y siempre
Indispensables,
Inolvidables
Tan necesarios
Transmisores
No retornables
Indisolubles
Amigos urgencia
Amigos nervadura, amigos fotosíntesis.
Amigos de verdad, amigos siembra.
Amigos llave, cerradura, postigo.
de mirar atrás, de infancia en un puño,
de tren o viajes, de vida, de todos a la mesa.
de fotos saturadas de risa extrema...
Amigos en blanco y negro, color o sepia.
Amigos en tres tomos, en sobres con lacre,
en moño pegado a la cabeza.
Amigos dentales, amigos lágrima, amigos sueños, amigo escencia
Amigos trago amargo, guardabarro, amigos sostén, amigos cerveza.
Amigos en la complicidad,en su tinta, en la herida abierta.
Amigos de hoy, mañana y siempre
Indispensables,
Inolvidables
Tan necesarios
Transmisores
No retornables
Indisolubles
Amigos urgencia
Amigos nervadura, amigos fotosíntesis.
Amigos de verdad, amigos siembra.
Amigos llave, cerradura, postigo.
Amigos puerta.
Amigos corazón
Amigos hombro.
Pulmón y hueso.
Amigos médula.
Amigos corazón
Amigos hombro.
Pulmón y hueso.
Amigos médula.
lunes, 12 de julio de 2010
Poesía de la calle
a la Poesía en su día, mi homenaje.
...
Ellos duermen en las plazas,
en los suelos, en los parques
duermen sobre los bancos endemoniados
sobre el cemento de la noche fría
insólitos,
despreocupados,
angelicales
duermen bajo el paraíso en flor
de sobrios palos borrachos
duermen
tibios,
pequeños
tristes
No los despiertes Buenos Aires,
que el sueño es recompensa
y la vigilia su castigo...
Avenida 9 de Julio
Buenos Aires
9:00 hs
sábado 21 de marzo de 2009
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