¨Me reflejo en otras pupilas. Me someto a las igualdades subjetivas de las miradas diferentes...¨

Sortilegios cotidianos

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lunes, 29 de septiembre de 2008

El reloj de arena...

Distintas formas de medir el tiempo...













El tiempo en un click...


















el tiempo...





tiempo de vida...

El tiempo de la vuelta en calesita, el de los besos. Tiempo del brillo en los ojos.
El de los cuerpos.
El de las camas.
El de lo fugaz.
El de la conquista.
El tiempo del parto, del café, del cigarrillo.
Tiempo de reir, de aferrarse, de mutar. La calesita.
Tiempo de arena. De sulfato, de cobre,de plata.De plomo.Tiempo de latidos fuertes.
De no me olvides...
Tiempo en gotas,en cuotas,en dosis
Tiempo del destierro. De sueños y amapolas.
De lucha subliminal.
De vos y yo.
Tiempo de decir adiós...




tiempo de ayer y hoy...

de niña...
Me río. Se esconde para mí.Expreso mis primeros dientes asomando.Gateo. Me atrapa. Me dice "princesa". Y se me escapa "papá"...

de mujer...
Me río. Se esconde. Me busca. Me encuentra. Nos perdemos debajo de las sábanas. Me dice "muñeca". Jugamos.
Sin ayeres.
Soñamos,con mañanas de dientes asomando diciendo... "mamá"...



tiempos de infancia...

La playa era amplia, extensa, pulcra, luminosa.
Valeria del Mar extendía arenas calientes, sueños de sal.
A sus tres años, corría por toda la costa, de sol a sol, tejiendo redes, juntando huevos de tiburón, caracoles babosos de caparazones grises, almejas ochentosas, mientras la espuma en los pies le devolvía un trasmayo de curiosidades proveniente de lo profundo.La piel se le curtía de bronce y los rulos se bañaban de oro. Los ojos se le volvían de a ratos aguamarina.
El cielo azul inmenso, la infancia perfecta y el aire puro, le hacian suspirar vida.
Ahora pasa por ahí cada año y los edificios ya no le dejan ver el mar...


el tiempo y los años...

Los niños solo quieren volverse grandes...
Los adultos solo quieren volver a ser niños...
Los viejos solo quieren volver...


...tiempo de besos...

Los surcos de su boca, desnudaban inquebrantables las marcas del reloj. Ella detuvo el tiempo y le borró el pasado con besos atemporales, sin fechas, ni vencimientos, ni futuros programados...



el paso del tiempo...

No debiera darnos miedo el paso del tiempo. Si entendieramos que es solo otro gran invento del hombre. Porque el tiempo en sí, no existe. Son las razones humanas las que lo modelan y lo sugieren así, sanador e irremplazable, indisoluble, perdido sin retorno, inerte, encantado, futurista, flechado, invertido, dislocado y pedante, o apurado y exigente; circulándonos las venas, arrugándonos el alma, con su devenir ansiolítico, aprisionado de sueños, besos y esperanzas. Disfrazado de distancias, derrotas y tumbas.



Medidas de tiempo...

El tiempo se mide con presencias incondicionales a través de la vida, con ausencias que marcan a fuego, con promesas que se enuncian convencidas y se cumplen a destiempo, con sueños que no llegan y un día se aparecen, cuando ya nadie los espera...
Con lunas de sabiduría contando las horas de par en par,apostando la última carta a las estrellas, resignándose al presagio escrito que enuncian los astros, atesorando el devenir de los augurios, y caminando el presente, torcido, derecho, mutable irreversible, de sobras y faltas ,sin mirar atrás...


tiempo de extrañar...

El tiempo invertido en que te pienso.
Los segundos atroces en que te extraño.
Uno y cada uno de los minutos descalsificados en que no te tengo cerca.
Las agujas astillandome los sueños.
Tu boca incendiándome los huesos,
agonizandome latidos,
gestando solo besos...
Los días inertes que no avanzan, ni brillan, ni mueren, ni sulfatan, ni preceden, ni ambisionan, ni embellecen, ni caducan,
si nos falta ese tic-tac sincronizado en que nos vemos.



tiempo de mirar...


Una buena forma de medir el tiempo, puede ser , acaso, sumergir tu mirada en la pupila de otro.
Al cabo de dos minutos,tres segundos, quince días y un lustro, habrás comprendido que los relojes no existen...


el tiempo y el café...

" Tal vez el refugio de una última vez, te puso frente a vos mismo, en aquella mesa de bar...
Quizá, la cuchara se llevó en su remolino centrífugo las lágrimas y el azúcar dulce te devolvió un poco de vida y detuvo el reloj en un " ahora es tu tiempo..."
Lo cierto es que ahí, sentiste companía sin apuro.
Alivio cálido, en miradas anónimas, en ojos ajenos.
Entonces comprendiste porque existe uno en cada esquina. Porque alguna gente llega y otra se va...
El café cura y cicatriza. Perdona y contiene.
Se vuelve confidente.
Se materializa en aroma y te envuelve en su fragancia.
Se comparte, se lee, se desgusta y se sueña..."



tiempo de estación...

En la estación de trenes ambulante se oye como chiflido pestilente un último silbato.
El humo de ese barco sacude al trombón de su bocina destilando en un agite de pañuelos blancos los adioses.
Como los rieles humeantes del tranvia del fin del mundo, se lleva el mar los segundos exactos sumergidos en que se lloran las despedidas sin retorno y se abren puertos, caminos, desafiantes océanos violetas.
Trazos nuevos, a viejos mundos, a nuevos rumbos por partir...



el tiempo y la lluvia...

Explota en llanto una nube llena y bifurca con sus lágrimas el asfalto brilloso y temporario del agua sin condolencias. Rafagas de viento húmedo arrasan el diluvio triste y se detiene el tiempo en formato sepia mientras los sueños solitarios decantan por las aberturas de cada esquina, y arrasan las enojos torrenciales del cielo vedado, así, desprotegido del sol, insistente y vulgar, no vence al caer cristalino, ni asoma en su verdadero color azul, diáfano y sutil.
No desiste ahora, el agua compagina sus miserias, transcurre, impone, truena.
Marca tic tac sobre el zinc desprotegido y las baldosas vacias inundandas de pureza atroz.
Llueve Buenos Aires...



el tiempo y el mundo...

Mientras en algun rincón del mundo explota el llanto de un bebe bienvenido, en las islas Caimán tarda un segundo el oleaje en arrastrar una estrella. La primer gota del diluvio en la cosecha del arroz. El crucero despidiendo turistas. La pelota usurera de sueños estampada en la red de gol. La bala penetrando el corazon del soldado herido de guerra. El óvulo atravesado llamando a la vida. El abrazo último y profundo. La gota de sal abandonando el lagrimal en el aeropuerto. El roce de las patas del avion al alivio del contacto con la tierra. La pluma sellando el ¨sí quiero¨ en tinta. El instante en que el torero gira desafiando su fiera y burlando su estupida suerte.
El dedo en el botón del celular aceptando la llamada. El fuego extirpado de un soplido. El giro de una moneda a la deriva. El contacto erizado de la primer caricia. El click de una foto en sepia.
El amor de a dos consumado en uno.
El suspiro final
El minuto exacto en que tus ojos se adiheren a los míos. El exacto minuto en el que los atravieso y desvio vencida, la mirada al suelo, para no verte tanto, para no amarte siempre.



tiempo inerte...

Y otra buena forma de medir el tiempo
es congelar la espera
por miedo a no olvidarnos
los besos interminables
y los segundos compartidos...


tiempo y pensamiento...

Esperame hasta que vuelva, le dijo.
Porque el tiempo cura las heridas, pensó, aunque nada esfume cicatrices.
Son marcas de vida dificiles de quitar.
Como aquellas en la pared desmoronada, en la que escribieron el destino separados.
El rumbo incierto que caracteriza a los cobardes de la deriva.
A los inteligentes que dilatan el fracaso.
A los que naufragan en un vaso de agua, siendo tan fácil comprender las señales del viento.

Lo cierto es que a su regreso, ella ya no estaba ahí...
Se había ido sin dejar rastros, a un lejano mundo, mucho tiempo antes de partir.



tiempo y amor...

El tiempo ha de medirse
con la ropa azul desparramada por el suelo
con el reloj incrustado en la frente
y la caricia que no diste
y el dulce que vacia el frasco en la mañana
y la tinta del teclado que reitera tu recuerdo
y un ¨no me olvides¨
y todos los no
y todos lo sì
y que hubiera sido
de nosotros dos
sin agujas...



tiempo y espacio
espacio y tiempo...


Es la ausencia extrema de un lugar con memoria, silencio y sin protagonista
El fantasma perdido de esa imagen sin escenario ni derecho a la identidad
El eco en sepia de los gritos de la infancia en la puerta de una escuela abandonada
La vereda sin gente, la playa sin sombrillas
La casa de los sueños restaurada en restaurant
El pasado pisado, el recuerdo hasta las lágrimas de la niñez feliz...
El tiempo se mide con todo lo que la nostalgia abarca en el corazón, aprieta en el corazón...
...se lo ve pasar a menudo, a través de los espacios vacíos que un día fueron obra, vida, huella y amor...

lunes, 1 de octubre de 2007

Serigrafías

del ayer...


En el cajón de mi mesa, duermen los sueños que fueron, diapositivas añejas, perfume de mi niñez. Papeles descoloridos, algun poema de Becker, el incendio en tu mirada, negativos de recuerdos ya olvidados, un estuche de inocencia, tu flecha en mi costado.
Tu partida innecesaria, tres vueltas para variar, un boleto capicua, amistad sin vencimiento, los versitos algo cursi de sobrecitos de bar.
Figuritas de cristal, tres muñequitos de Jack, veinte lÁpices sin punta, lágrimas que no caducan, las tarjetas de los quince, mis dulces dieciseis, la ternura de los tres, la locura de los veinte, dos libretas de estudiante sin bandera, un relicario en donde llevarte, el olor de los jazmines en verano, los relojes sin agujas ya ni horarios, texturas de cosquillas en primavera, una imagen de familia siempre unida, Catedral de La Plata, gusto a tilo, diagonales, avenidas, la ciudad que me envenena y me habla todavía.
El primer beso robado, el segundo reclamado, la suerte hechada, un te espero hasta el dia en que me quieras.
La infancia que te llevaste en un puño, dos recetas, el olor de la cocina tuya abuela, navidades de ilusión, tres papelitos de cabsha, los primeros días de escuela Lapiceras con mil formas y tamaños, dijecitos azules de oro y plata, la soledad de cien años de Gabito, pupilas de alumnos desesperados, la nostalgia de una carta ya vencida, mi primer mamarracho al Principito, monigotes de los niños carenciados, el documento impecable y viejo, la torre Eiffel gris, hojas que lloran nervaduras, un vuelo casi perdido.
Dibujitos de Miró, incoherencias de Dalí, postales de pinturas preferidas, ojos de mar, flores blancas, poco tiempo, billeteras aburridas con tarjetas, direcciones de destinos que no importan, las entradas de Joaquin en la garganta y un “sin embargo” sin fin, el anillo de egresada y cien recuerdos, nuestro viaje a Bariloche en rebeldía, un recreo sin salir, la desición en un solo abracadabra, un error, algún aprendizaje, nueve misterios, la sensacion de no haber sido educada, con la espada, con la pluma y la palabra.
Alegría desbordante, principios reiterados, el fin de nuestra breve y larga historia, el ayer oxidado, un sillon para esperar, piel de limón, heroe de circo, la transmision de un pensamiento, dos coincidencias, cuatro cuentos con abuelos sin mas pena ni gloria.
Un cd de Guasones, dos pases para Boca, una dulce lejanía, viñietas de Tonucci, vete leyendo y Sabater, el papel del chocolate, treinta centavos de austral, un dolar y dos reales, viejas penas de Garrik, dos caricias de propina.
Un pañuelo de Bruselas con encaje, un bautismo equivocado, el otoño gris, abril, mil fechas, ideales no marchitos, varios sueños putrefactos,realidades absorventes, un diario, hilo de coser, cicatrices del amor desmoronado, caramelos sin dulzura, una cena arrepentida, un deseo, un adiós, un brillito de frutillas, tres ramitas, dos semillas.
El sabor del desengaño, colirio en el alma, la luna de Bourbon street, la Fragilidad perdida, los años astillados, nacer y morir, algunas veces no debo, un telefono marchito, confusiones, abrazos, nacimientos, bienvenidas, pupilas almendradas, ruido de aviones, pasajes solo de ida, miel y menta, libertad condicionada, varios barcos de papel.
Dientes de leche, magia y ratones, un carefree muy perfumado, un cumpleaños sin velitas, dos fiestas de disfraces, adrenalina en cuotas, pan, vino, mazapan, tres botones color rosa, dos ganchitos de repuesto, muchas flores de lavanda, varias estrellas fugaces, un zapatito con las suela descosida, un angel, estuches sin anillos, cadenitas que se cortan, dos push up de silicona vencida, un curriculum sin tinta, un grabador que no graba, certificados que no sirven, silencios que aullan, el comienzo de algo y el reino del revés.
La esperanza brotando del balcón, un lugar en el mundo, el destino impreso, visiones de coral, aguamarina en la cornea, foto en sepia todas juntas, revolución imborrable de pobreza y alegría, imagen que sangra, felicidad extrema, delirio en lacre, malecon de dudas, Habana indulgente, Paulito, salsa, Compay, mojito, y hasta la victoria siempre!

viernes, 17 de agosto de 2007

Efanuria


a mis abuelos...

La casa era grande. El zaguán guardaba secretos bizantinos. Los cristales vitreaux de la sala simulaban un caleidoscopio gigante de colores fuertes y la luz llamativa del patio mágico, cubierto de un viejo jazmín del país, invitaba a soñar.
No se si fue el olor de la madera, de las cascaritas de naranja al fuego o de la estufa a gas inofensiva, que me enamoré un día de sus cimientos y sus fantasmas.
Las habitaciones contiguas, con puertas abiertas y unión de pasillos caminados interminablemente, primero con pequeños pasos, luego salticando, intentando encontrar las voces provenientes de la cocina, llamándome a la sopa. La vitrina con las especias provenzales, y el olor de las hebras de azafrán, del te inglés. La porcelana con dibujitos.
El escritorio presentaba antiguedades formales de un roble que aun hoy resiste a las termitas. La antigua máquina de escribir, allá en lo alto provocando los deseos mas oscuros de habitarla. Cuando las cosas desaparecían bastaba un efanuria, efanuria... y ahí volvían a estar. Palabras mágicas decía ella...
Quizás el viento haya arrasado las voces, los ecos de la infancia, pero no pudo llevarse todavía, la sensación de un piano sonando durante horas, de la mañana con ruido a pájaros, con olor a dulce, con amor servido en bandeja y cuentos de 1910.
El Carrillón de la sala con sus péndulos fueron marcando cada año, sin detenerse. Como el tic-tac del corazón golpeaba al sentimiento de despedidas, bienvenidas, nietos corriendo y flores que al secarse eran repuestas de inmediato. Muchos retratos grises trazando un árbol genealógico de orgullo, con raíces vascas y un escudo de piedra.
Por los cristales viscelados de la puerta podía verse toda la verdad. La calle estaba ahí, al alcance de las almas, y no sabía de llaves.La tele ahora apagada se volvia sepia de a ratos. Me gustaba mirar la araña bailando caireles transparentes, gotas de brillo engrandeciendo el techo de molduras y relieves de estilo. La pinotea se distendía por toda la superficie, crujía en el silencio cuando la casa quería hablarnos.
El sotano inhabitado lloraba oscuridades de curiosidad y un sulky antiguo de caballos con ojos envejecidos.El miedo a encontrar no dejaba animarse a bajarlo. Varias muñecas de porcelana, algunas fotos viejas y vestidos de organza y broderíe podían convertirse en objetos imperdibles para una tarde de juegos frente al espejo. Un barquito de cristal se tornaba morado cuando la lluvía quería venir. Los vidrios del comedor dejando correr el río interminable del agua más transparente vista alguna vez. Las rositas rococo, se esparcían descontroladas expresando los cambios de estación. La quietud de una tarde de verano soñando la llegada de la Navidad.
El pan casero respirado en tajadas de calidez. De manos de pertenecer.

Hace algunos meses volví. Un cartel luminoso se sostenía burbujeante sobre la fachada restaurada. Comencé a recorrerla. La redescubrí en silencio. Ya nada quedaba de lo que había sido. Solo el piso de madera alargado, ininterrumpido, por el que aprendí a caminar la vida. Los dueños de la cervecería alemana, no comprendieron al verme pasar adelante de ellos, sin mirarlos, ida, seguír hacia el fondo y olvidarme la realidad de su actualidad propietaria. Me encontré sin pensarlo acariciando un picaporte instalado ahora en otro lugar. Ya no había paredes, los techos no eran altos. El escritorio del abuelo se había convertido en un living moderno de almohadones con circulos rojos y suelo de cemento alisado. Varias sillas de bar se distribuían en las tres habitaciones convertidas ahora en un espacio común frente a la barra de tragos. El patio no existía, y el jazmín del país ya no habitaba el perfume de su flor. El olor era extranjero para mí, pero las voces volvían ahora a perseguirme y las caras de alrededor se desdibujaban con rapidez vacías de identidades. Y otra vez, el eco de las risas y mi niñez retumbándome los oídos.
Para cuando la abandoné, los ojos desnudaban lágrimas incontenidas de deseos.
De mirar atrás. De volverlos a ver. De abrazarlos al menos una vez más. De encontrarme.De encontrarlos. De despedirme.
Me despojé del pasado en cada gota de azúcar.
Giré mi cabeza para fijar la mirada en un último vistazo.
Juré amor eterno.
Y dije adiós.

viernes, 20 de julio de 2007

Mientras pasan los años...

A Julia, Mali y Memé,

por la amistad de siempre...


Recuerdo con nitidez cuando con doce años de inocencia, Julia clavaba sus uñas en la bombilla que asomaba por la botellita de su coca-cola. Fingía quizás, generosidad, pero al momento de aspirar, la única realidad es que uno tomaba solo aire y finalizaba abandonando, la idea de un traguito de ese oasis de líquido dulce, a mitad del recreo con sed.
Magdalena siempre conseguía la figurita más deseada por todas. Faltando solo dos minutos para ingresar al aula, se pegaba una escapada por los pasillos largos de cristales soleados y absurda vigilancia. Es como si la estuviera viendo ahora mismo, malabareando con su facilidad de palabra y su habilidad de logro. Se acercaba hacia mí y me lo confirmaba. La conseguí. La más difícil de todas las raspa y olé de Frutillitas.
Memé siempre fue rebelde, con o sin causa, era una virtud natural que aun hoy desearía tener. Claro está, que a veces la cosa se complicaba cuando medio colegio amenzaba con cortarle su pelo a la salida y otras inmadureces que ella nunca se atrevió a creer. Hacía así, culto a su adolescencia, de que me importa lo que piensen y aca estoy yo!
Y a pesar de todo, y quizás por la existencia de todo, pasaron hoy veinte largos años y seguimos teniendo la misma risa.

Me leen...