¨Me reflejo en otras pupilas. Me someto a las igualdades subjetivas de las miradas diferentes...¨

Sortilegios cotidianos

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martes, 17 de marzo de 2009

Ojos verde pluma

Esta maravillosa ilustración es obra de Paula Elissambura




No cualquiera dibuja una lechuza o se encuentra frente a frente con ella, menos aún, si tiene los ojos verde pluma.
Sí, la lechuza de este cuento que te cuento los tenía...
Si alguna vez miraste fijo a los ojos a una lechuza, podrás comprender de lo que te hablo.
Los ojos verde pluma, no son verde pasto, ni verde agua. Ni verde tinta, o verde cielo.
Ni verde sueños, ni verde amor.
Son verde pluma y solo eso. Nada más...
La lechuza que te cuento, adoraba las glicinas en los días de lluvia y las rondas crocantes de las hojas del viento al llegar el otoño.Le gustaba burlar a quien la confundiera con un hornero en la mitad de la noche. Permanecía quieta y en silencio y en ocasiones lograba guiñar un ojo a las estrellas.
De pies a cabeza aferrada a los cables y sostenida por sus patitas de alambre, podía vigilar el movimiento sospechoso de los sapos redondos de los pozos, de las ranas inquietas del estanque, de los teros ruidosos volando a ras del pasto frío.
Las libélulas del viento intentaban hacerla reír. Pero una lechuza con ojos verde pluma no se ríe facilmente. Y menos aún, si hay que dibujarle una sonrisa a la seriedad seria de su pico de abrelatas de lechuza formal.
A veces se aburre de su cuerpo de estatua y su presencia de misterio y cuento mágico y tiene ganas de volar y gritar y agitar las alas de terciopelo y colarse por la ventana en una fiesta para hablar con todos y cada uno de los invitados.
Los narcisos son sus amigos y los truenos ruidosos su compañía durante las tormentas.
La luz de la luna no la encandila, siempre le pareció una gran pastilla de menta para soñar durante una noche de verano cualquiera.
Sin embargo cuando cae el sol y el cielo se agiganta hasta teñirse anaranjado y el pasto huele a lluvia de abril, se la puede ver surcando sombras labradas con su silueta de encanto. Y por alguna razón inexpicable y muy extraña, se detendrá con delicadeza y fijará su mirada en la tuya, o en la mía o en la de nadie más; entonces, tal vez el tiempo se detenga y te sumergas en su pestaneo suave y generoso, y solo escuches susurrar : -shhhhhhhhh...
Será todo lo que dirá, porque todo estará dicho.
Contemplarás junto a ella un cielo azul crepuscular y una brisa eterna refrescará tu rostro y respirarás la sabiduría de las pequeñas grandes cosas.
Observa.
Detente.
Y allí verás...
En cada parque oscuro habrá una. Y espera.
Pero tal vez, solo esta de este cuento que te cuento, tenga los ojos así, inexplicablemnte hermosos.
Mágicos.
Verde pluma.




Texto publicado en la revista Supercanal - Febrero de 2009

sábado, 11 de octubre de 2008

Cronometraje




Al tiempo en que el cómico se llevaba los aplausos, el niño recibía los besos de feliz cumpleaños, y la bala atravesaba el pecho abierto del soldado herido.
Fue casi al minuto exacto en que los cromosomas se fundieron, el político rompió en llanto, y la humanidad entera explotó en carcajadas.





...

lunes, 18 de febrero de 2008

En la ruta



Observo la lìnea blanca y continua de una ruta. La asemejo inevitablemente a la vida. La comparo con ese ir hacia algun lugar aunque el donde carezca de respuesta, de como, de estructuras de antemano, de conciencia de lo que vendrá.
A mi derecha el valle de Limay se extiende esparciendo destellos de esmeralda que astillan mi cornea, tal vez la belleza de la existencia a los pies de una ruta suprema.
A mi izquierda un cartel, que apendas distingo, no evita alarmarme con su aviso de curva peligrosa. Tal cual el andar por el mundo. Y es que en ciertos momentos apenas distinguimos lo que la ruta se ocupa de mostrarnos. Tal vez por la velocidad de la marcha o por la ceguera ante lo que presenta dificultad de aprendizaje.
El camino se muestra asfaltado en sus comienzos, y al principio grandes montañas rocosas parecen caernos encima con su imponente cuerpo de cordillera estatica. Por suerte puedo girar mi vision hacia un lado y contemplarme en la paz que transmite el rìo. A su vez, este contempla formas revueltas, rápidos, corrientes alineadas, ensanchadas. Por momentos el río asusta en magnitud. Es tanta la belleza de su color que uno percibe el miedo de ahogarse. Las ganas imperiosas de saltar superan cualquier opción de fracaso, y hasta la muerte misma pierde sentido ante el impulso profundo de sambullirse y dejarse llevar hasta el fin.
Asì la vida.
La ruta se convierte de a ratos en caminos de ripio.
Saltan pequeñas piedras.
Algunas lastiman mis ojos, y la vista se me nubla, anque se que no han de morir las facultades esenciales del tacto y ahora, puedo ver con las manos, con la boca y hasta con las entrañas.
El camino se torna incierto, son cada vez más las curvas peligrosas, algun abismo y el miedo de caer aunque estemos en buenas manos, débiles, fuertes, propias, tuyas, mìas, nuestras, de nadie...
Ahora se que mi rumbo esta marcado pero que habra riesgos en su recorrido. Y tambièn belleza extrema, y paz. Y sangre.
Y pruebas con o sin carteles de aviso. Con precipicios incitandome a derrapar. Con saltos en picada que arriesgare sin tapujos.
Subidas que me costaran mil sueños y llegadas que no valdrán la pena. Y el desafìo de no abandonar tal vez, lo único que tengo, una ruta sin mapas, motivos, ni porques.
Entonces,miro siempre a mi costado y no tengo miedo.
Se, que el agua torrencial decantara para mí.
Y el río me acompaña.

jueves, 10 de enero de 2008

Aves

En el marco del cielo insular el águila imponente descuartiza su presa.
La presa yace vacía de sueños al tiempo inerte en que el ave rapaz desovilla sin disimulos sus entrañas despedazadas. Su vuelo de seda. Sus ojos grises de rubí.
Es que entre la tierra y el cielo, se filtra la eterna disyuntiva de paraíso y muerte, y no existe lugar pacífico y correcto, para dos almas surcando bajo el infierno abismal, un espacio común.

domingo, 6 de enero de 2008

En-Amor-Arte


Los autos circulan indelebles.
Las motos acceden al espacio intransitable y las galerías desestructuran la quietud capitalista. Las rebajas se deslizan por el asfalto. El arte se sazona en los rincones y el diseño innato rompe estructuras de imperio y se filtra entre el turista ansioso por vivir.
Una torre de diamante se vuelve emblema y distorsiona las imágenes esculpidas en lienzos. Un manojo de razas de almizcle y chocolate. Un terrón bajo la piel.
Los mármoles cobran forma humana y las alas cortadas no los dejan volar. La cobertura dorada de las águilas significa, tal vez, que así ha sido siempre ante el mundo.
El fin llega filtrado a través de las nubes lúgubres y las identidades definidas.
Una luz flamea pero su debate entre la tierra y el cielo no encuentra consuelo bajo el aura crepuscular de lo inaccesible.
La tendencia es pasar a pesar de los estrenos.
La fortaleza hotelera derrocha cubiertos con baño de plata, con suero de lujo. El metro descubre historias con acento marcado.
El amor está por todas partes. El hielo, la pista, la paz de los puentes que unen ambos trozos.
El tiempo se ha detenido en todos los ojos. Son para otros las monedas falsas y los cristales no civilizados. Aca todo es diferente, el ruido huele a lluvia y el silencio disiente del conflicto aparente y hasta el alma en pena encuentra consuelo en las librerías ambulantes a los costados del río central.
Se respira madurez.
Vueltas de una calesita ilustrada y un monumento descascarado de flashes.
Los fantasmas del pasado todavía observan el movimiento desde las bóvedas. La verdad vuelta fábula, vuelta leyenda sin discusión de raíces. La repetición de lo que muestran los libros. La arquitectura imponente. Mezcla justa entre modernismo y siglo añejo.
Y ellos ya no están para verlo, pero son culpables del renombre sellado en lacre y de la ciudad hoy, y aun la sienten como propia. No logran conciliar el sueño por miedo a encontrar la bandera a media asta. Creen que el movimiento multitudinal depende en gran parte de sus andanzas por la historia.
La delicadeza es parte del estilo y no fluyen intenciones de sacar tajada. Es la desconfianza en las pupilas, la distancia de los cuerpos, pero la amabilidad de los caídos en la guerra de ninguna revolución, aunque mayo se desarme de nostalgia y la libertad continue guiando al pueblo por caminos de desdicha.
Desbordan estalactitas por los telones aterciopelados de una ópera.
Demasiados instrumentos. Demasiadas letras.Demasiado perfume. Demasiados toldos rojos.
Cuantas bicicletas, cuantas flores blancas. Cuantas terrazas con vista al paraíso.
Y el sonido de una vieja bandolina. Algún beso francés en una esquina cualquiera.
Las luces de los árboles parecen luciérnagas y el adoquín se filtra con el verde alfombrado del pasto perfecto.
Y en ocasiones sale el sol.
Brilla.
Y escupe pintura universal hasta el que desentona. Y el río se vuelve oro y plata, y el pasado retorna fugaz.
Magia emblemática.
Lugar de elegidos.
Belleza europea, sin arena ni cabildos.
La vida no se estanca en una misma cosa.
Gira.
Los montes no se expersan alejados. El terreno es dueño de un declive subliminal. La ciudad puede albergar todo eso y mucho más. Putas, partidarios y fascístas. Y a los del don de impresionar con tinta cromática cada recuerdo infernal retratado.
El recorrido merece la pena al caminar.
Y en la cima está el porque de los pinceles aplicados con orgullo.
Todo es posible. El café es hoja de ruta y el alivio de la borra instantáneo hasta las lágrimas.
El pan tiene gusto a nobleza ecléctica. La niñez se educa impecable en la sensual dulzura del idioma. El atardecer vence miserias y derrite una postal de enciclopedia urbana. Cualquier mapa te pierde hasta llegar. Un triunfo justo y merecido conserva el encanto del jazz y los boulevares.
La selva a un paso.
Oleos derrochados.
Demasiadas preguntas y las ganas eternas de volver a ser un número.
Y el misterio ajeno de lo que no encontrará respuesta sin estadísticas de aceptación, y sin importarle siquiera.
Y esos cuentos mágicos de seres inhabitados en la soledad gris de un corazón sagrado...
Y esa sonrisa... que controversia y no caduca, y austera y perspicaz, y orgullosa de que, se eleva acosada, impenetrable, chorreando realeza y burlando su suerte.

Me leen...