En el marco del cielo insular el águila imponente descuartiza su presa.
La presa yace vacía de sueños al tiempo inerte en que el ave rapaz desovilla sin disimulos sus entrañas despedazadas. Su vuelo de seda. Sus ojos grises de rubí.
Es que entre la tierra y el cielo, se filtra la eterna disyuntiva de paraíso y muerte, y no existe lugar pacífico y correcto, para dos almas surcando bajo el infierno abismal, un espacio común.