¨Me reflejo en otras pupilas. Me someto a las igualdades subjetivas de las miradas diferentes...¨

Sortilegios cotidianos

martes, 5 de enero de 2010

Noche de Reyes


A todos los niños del mundo...
para que nunca pierdan las esperanzas y nunca dejen de soñar...


La noche de Reyes simboliza en el mundo, la llegada de tres hombres extranjeros, tres magos de Oriente, que guiados por una estrella deseaban ofrecer sus riquezas al niño Jesús recién nacido. Esto ocurrió hace mucho tiempo atrás y luego la tradición fue distorsionada hasta llegar al hábito de colocar, cada cinco de enero, un par de zapatos con la esperanza de que los reyes pasen por allí y dejen su ofrenda como aquella noche mágica en Belén.

Pero Luisito no tenía zapatos.
Para entonces, tampoco tenía techo.
Pero sí tenía seis años de vida viviendo en la calle.
Por esas cosas raras de la infancia, la tradición llegó a oídos de Luisito, aun casi sin tener infancia y teniendo sin embargo, la ilusión que convierte a todos los niños del universo en seres iguales, a pesar de las diferencias.
Es cierto, Luisito no tenía zapatos, pero tenía inocencia y tal vez, esperanza.
La noche del cinco de enero, colocó debajo del puente de la autopista, en donde vive, un poco de pasto de la rambla y un recipiente con el agua que usa para lavar los vidrios de los conductores del semáforo.
Se recostó sobre la lomada verde de la autopista y miró el cielo. No hacía frío, era verano en la ciudad y las estrellas se veían con una nitidez asombrosa. Las luces de los autos lo reflejaban recostado, libre. El aire diáfano, el mundo a sus pies.
Su mamá estaba cerca, debajo del puente recostando a su hermanito menor sobre un colchón húmedo y vacío, sin sábanas.

- Quiero estar acá, dejáme, quiero ver el cielo a ver si vienen - dijo Luisito con la mirada perdida en el azul noche más profundo.

Y se quedó dormido.

La magia escondió a la luna y así asomaron los primero rayos del sol.

Cuando Luisito abrió los ojos, apenas pudo creerlo.

Una bicicleta reluciente lo esperaba junto al recipiente vacío de agua. El pasto había desaparecido. Una nota escrita de puño y letra en papel blanco estaba atada al manubrio de la bici.
Luisito no sabía leer, pero su mamá sí.

¨Gracias por ofrecernos agua y alimento, está bicicleta es para que puedas ir todos los días al comedor ¨Locos bajitos¨ de acá nomás, cerca del puente.¨


A Luisito se le dibujó una sonrisa amplia en la cara. Los ojos le brillaron con la misma intensidad de la luz. Jamás había soñado con una bici. Jamás había soñado siquiera, hasta la noche de Reyes.
Su mamá, lloró al terminar de leer la nota.

Los Reyes existen pensó Luisito, y viven acá a la vuelta, cerca del cielo.






4 comentarios:

Nelais dijo...

Justamente hoy terminé de leer "Mi planta de naranja-lima"

Es impotencia dolorosa.

Nunca falta tu dulzura aunque el texto esté dando patadas.

Un beso grande

Szarlotka dijo...

Coni, qué bueno volver a leerte.

Un beso

Coni Salgado dijo...

Gracias a las dos por sus comentarios, hacen bien
besitos

Ana Chillemi dijo...

q mezcla de sensaciones da leer este texto...pero la verdad es q esta expresado tan "de la vida real" q cuesta leer ese final feliz.
slds

Me leen...