¨Me reflejo en otras pupilas. Me someto a las igualdades subjetivas de las miradas diferentes...¨

Sortilegios cotidianos

miércoles, 22 de agosto de 2007

Desorbitados

Me dejé caer. El laberinto era blanco, tal vez gris, simil tristeza. Los oídos afilados con ceguera de no querer escuchar más. El dolor ampollándome los besos. El cerebro tan retorcido avasallando lugares inhóspitos, y equivocado y acertado como siempre envió latidos sucios a un corazón que cada vez bombeaba mas lentamente, como queriendo entregarse al mas amargo de los finales.
Porque la intuición nunca se equivoca.
La sensación de la caída me produjo un agujero en el estómago y la sangré en las venas fue trasformándose poco a poco en agua. Las mariposas azules se volaron. La rosa suicidó cada uno de los pétalos. La saliva no podía seguir su curso y la garganta acongojada casi se ahoga en su propia existencia. Con tan poco, y en una cuestión de minutos mis ramificaciónes se desidrataron de vos y el pelo acrecentó su tintura de plata. Incendié todos los sueños. Me dejé atravesar por las derrotas. Las flores perdieron el color, la tierra secó todas las raíces, el cielo se volvió betún. La tinta se hizo transparente, los ríos se secaron, la calle se volvió muda.Las alas se me lastimaron. Las plumas chorreando tinta.
Me perdí.
Me pierdo a veces.
Caía cada vez más rápido, sin entender.
El laberinto se transformaba ahora en abismo y luego en espacio negro sin luz. Me quedé sin brillo de la noche a la mañana. Me llené de fantasmas trovadores de delirios que no me importan y ya no quiero escuchar. Me lloré tus labios, me comí tus ojos, me apreté a tus manos, me pregunté una y mil veces como era cuando no estabas.
Toqué fondo y empecé a subir despacito empujando el devenir y sorteando mi suerte. Respire profundo. Limpie toda la sal desparramada y me pinte los ojos de caramelo. Junte todas las caricias acumuladas que gritan tu nombre.
Para dártelas.
Algún día cuando los demonios se esfumen y las bocas se nos imanten con la misma risa.
Reservé una, de fuego para cuando llueva.
Y entonces,tu voz.
Me abracé al orgullo de la existencia que me rebalsa de vida.
Recuperé el pulso.
Y me soldé a la realidad sublime de verte otra vez.
Sin palabras.
Vos planeta.
Yo tu rosa.

2 comentarios:

Sandra DOvidio dijo...

Ay Coni, mujer de fuego, tus pasiones te queman por dentro y exalás letras encendidas.
El final me pareció bellísimo.
Besitos Sandra

Crispín dijo...

Desorbitados mis ojos tras leerte. Muy hermoso, palabra media gastada pero muy adecuada.

Me leen...